El espacio monumental y la Santidad de Dios
En este ensayo se abordará una conexión entre arquitectura y teología desde un enfoque de la doctrina de la creación. Entendiendo creación como “la correlación de la actividad soberana del creador y del orden creado” (Wolters 2014, p. 297). Es decir, no sólo como el acto libre y voluntario de Dios de crear todas las cosas para su propia gloria (Berkhof, 2009); sino también como el orden que Dios ha establecido para que se desencadene la realidad en la totalidad del cosmos. En este sentido, se entenderá la arquitectura dentro del orden establecido por Dios y cómo Él podría ser evocado en la experiencia humana del espacio monumental.
1. La arquitectura como creación desarrollada
Es necesario comenzar distinguiendo tres tipos de creación descritos por Wolters (2014). El primero es creatio prima, esta se refiere al primer acto de creación: los cielos y la tierra en caos (Gn. 1:1-2). Esta es la creación de la nada (ex nihilo), para la cual Dios no utiliza materiales preexistentes, sólo con su voz trae todo el cosmos a existencia. El segundo es creatio secunda, esta se refiere a los siguientes actos creacionales de Dios, donde comienza a ordenar la creatio prima, con su mandato soberano (“sea”, “haya”), separando, por ejemplo, la luz de las tinieblas (1:3), mandando a algunas partes de la creación a servir como mediadoras o ministros de otras partes, por ejemplo “Produzca la tierra hierba verde…” (Gn. 1:11). Así, acabando en un proceso que dio orden, forma, función y belleza al mundo en seis días. Los primeros dos tipos de creación son efectuados directamente—o inmediatamente—por Dios, estableciendo su gobierno directo sobre la naturaleza creada. Sin embargo, el tercer tipo de creación, creatio tertia, es efectuado por Dios a través del ser humano—o de manera mediata—, estableciendo así, su gobierno indirecto sobre el desarrollo de la civilización y la sociedad a lo largo de las edades. La creatio tertia comienza con el mandato divino de “llenad y sojuzgad la tierra” (Gn. 1:28-30). Esta es la manera que Dios establece para el desarrollo de su creación. Él podría haber creado en un principio civilizaciones con grandes pueblos y sofisticados avances tecnológicos, pero no decidió hacerlo de ese modo. Dios decidió enmascararse en cada acto de trabajo creacional que implique crear o sostener civilización y sociedad (Keller & Alsdorf, 2018). Ya sea conduciendo un bus, cocinando para los hijos, calculando una estructura, diseñando estrategias de abastecimiento de combustible, cortando el pasto o restaurando edificios históricos. Cada acción que implique seguir ordenando la materia creada por Dios y cada producto de ello es creatio tertia, es decir, Dios creando a través del ser humano, por medio de su mandato (Gn. 1:28).
| Tipo de creación | Génesis | Gobierno | Revelación |
Creatio prima | Naturaleza en caos | 1:1-2 | Gobierno Directo: inmediato | Revelación general |
Creatio secunda | Naturaleza | 1:3-27 | ||
Creatio tertia | Civilización y sociedad (arquitectura, medicina, agricultura, ingeniería, telecomunicaciones, mecánica, moda, economía, etc.) | 1:28-30 | Gobierno indirecto: mediato | ¿Evocación? ¿Revelación? |
Tabla 1. Síntesis: tipos de creación asociadas al gobierno y revelación de Dios en ellas. Fuente: Elaboración propia en base a Wolters (2014).
Como consecuencia del primer punto, la arquitectura se puede definir como la administración del espacio de Dios en el mundo de Dios. Cuando los arquitectos trabajamos diseñando espacios, estamos ordenando el espacio que Dios creó, dando función, determinando altura, estrechez, amplitud, temperatura, circulaciones, intensidad lumínica, ventilación, entre muchos otros parámetros. Es decir, estamos buscando administrar con sabiduría cada cm2 sobre el cual gobierna Dios mediante el arquitecto, con el fin de servir al habitante, mientras glorifica a Dios.
Así que, podemos asociar cómodamente las creatio prima y secunda con el concepto teológico de revelación general: “Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa” (Ro. 1:20). No obstante, ¿podemos afirmar de la misma manera que Dios se revela en la creatio tertia, es decir, en cada acción y producto del trabajo humano?, ¿qué distingue la creatio secunda de la tertia, para determinar que una sí es revelación general y la otra no, cuando ambas son creación de Dios, ya sea de manera directa o indirecta?.
En la siguiente sección se propone una manera de cómo la santidad de Dios podría evocarse (o revelarse) por medio de la creatio tertia en el caso de la arquitectura y específicamente, por medio del espacio monumental.
2. La santidad de Dios en el espacio monumental
Es importante destacar la naturaleza espacial de la arquitectura y su relación con el cuerpo humano. Un espacio se experimenta con todos los sentidos. No es sólo algo que se ve, sino también se huele, se toca, se atraviesa y todo esto a lo largo del tiempo. Constituye una experiencia dinámica, tal como lo expresa John Paul Eberhard en 2006:
“Si entras en la Catedral de Amiens al atardecer, mientras un órgano suena y descubres que te da un vuelco el corazón, es porque tu cerebro—no tu corazón—se ha llenado de asombro. Las células de tu cerebro se están regando con una descarga repentina de sangre, elevando tu temperatura, acelerando tu pulso, e inundándote de recuerdos. La luz bañándote a través de las vidrieras estimula el área V4 de tu corteza visual. La música de Bach está vibrando dentro de la cóclea de tu oído interno y envía señales a la corteza auditiva. Los olores a humedad de los siglos pasados se registran inconscientemente en las neuronas olfativas en el puente de tu nariz. Estás experimentando la arquitectura.” (Mombiedro, 2019)
Dios diseñó de esta manera la experiencia humana, que seamos almas encarnadas que inevitablemente, seamos conscientes o no, reaccionamos a la materia de nuestro entorno. Él llamó buena a toda su creación y la experiencia espacial es parte de aquello, así que, merece que le prestemos atención.
Ahora quiero centrar la atención en la arquitectura monumental. Este tipo de arquitectura se caracteriza por sus grandes proporciones, incluye los estilos como el clásico, gótico, barroco, entre otros. La particularidad a la que me referiré especialmente es su gran altura dada por la gran distancia entre la cabeza del habitante del cielo del recinto. No es casualidad que las catedrales pertenezcan a esta categoría de arquitectura y que el estilo gótico haya incorporado “una serie de innovaciones arquitectónicas como el arbotante, la bóveda de crucería y el arco gótico” (Rae, 2023, p. 9) con el propósito de obtener un espacio señorial de gran altura y buena pero también interesante iluminación por medio de sus vitrales. Estos parámetros—y otros—afectan significativamente en la experiencia eclesiástica. Así que, nos centraremos en considerar la arquitectura religiosa monumental, aunque este análisis también podría aplicarse a la arquitectura monumental no religiosa.
Por su lado, Daelemans, experto en arquitectura religiosa, contribuye con un valioso concepto a esta investigación. En su artículo Teotopía: la arquitectura como teología, presenta un interesante modelo de tres partes para el análisis de la arquitectura eclesial de modo teológico. Para ello, establece que cada vez que accedemos a un espacio de culto, nos acercamos a un misterio que ha de revelarse en la experiencia de habitar tal espacio en tres dimensiones particulares[1], de las cuales sólo consideraremos la sintestésica, que comprende la percepción del espacio con los sentidos. Este modelo propone que el espacio de culto al Dios trino comunica en lenguaje arquitectónico un misterio que ha de descubrirse en el habitar este espacio. Es un modelo situado, por tanto, dependiendo del caso donde se aplique, la forma del mensaje será diferente según su contexto. Sin embargo, el misterio que tienen en común todos los templos cristianos es el Dios trino, que es Santo, Santo, Santo, el Alto y Sublime. Él es el misterio que queremos conocer cada vez más en cada encuentro con Él y nuestra comunidad de fe.
Como último antecedente a considerar, R. C. Sproul, en su libro La santidad de Dios, describe un estudio realizado por Rudolf Otto, el cual se centró en investigar lo santo de manera científica. Estudió cómo reaccionaron personas de diferentes culturas cuando se encontraron con algo que consideraban sagrado. Otto acuñó el término mysterium tremendum para definir lo santo y concluyó que “la sensación más clara que tienen los seres humanos cuando experimentan lo santo es un sentido inmenso y abrumador de creaturalidad” (Sproul, 2022, p. 47). Es decir, nos sentimos pequeños, dependientes, limitados, vulnerables porque estamos delante de aquél que es todo lo contrario. “Cuando nos encontramos con el eterno sabemos que somos temporales” (Sproul, 2022, p. 48). En otras palabras, somos testigos de un contraste entre lo santo y nosotros. Sabemos que somos dramáticamente diferentes a él por nuestra condición de criaturas de pecado.
Conclusión
Finalmente, si la arquitectura monumental, en especial los espacios religiosos, tienen la capacidad de introducirnos en el misterio de la persona de Dios—el mysterium tremendum—, la arquitectura, como creatio tertia, nos evoca o revela la santidad de Dios, por medio de las grandes proporciones del espacio monumental y los estímulos que allí se producen a partir de su iluminación, temperatura, ornamentación, sonoridad, entre otros, especialmente su altura. Este acontecimiento espacial, la percepción de la gran distancia sobre la cabeza del habitante hasta el revestimiento del cielo del edificio provoca una alteración en el estado de ánimo (Meyers-Levy & Zhu, 2007), que podría asimilarse a la sensación del mysterium tremendum.
Así que, esta es una manera de cómo la arquitectura puede enriquecer el conocimiento de Dios y la devoción a él: experimentando la evocación de su santidad en el espacio monumental y especialmente en el espacio monumental eclesiástico.
Referencias Bibliográficas
Berkhof, L. (2009). Teología Sistemática. Libros desafíos.
Daelemans, B. (2023). Teotopía: La arquitectura como teología. Recuperado de https://repositorio.comillas.edu/xmlui/bitstream/handle/11531/87203/2023121591429351_phase%20370%20B%20Daelemans.pdf?sequence=-1
Keller, T. & Leary Alsdorf, K. (2018). Toda buena obra: Conectando tu trabajo con el trabajo de Dios. B&H Publishing Group.
Meyers-Levy, J. & Zhu, R. (2014). The influence of ceiling height: the effect of priming on the type of processing thar people use. Recuperado de https://www.researchgate.net/publication/23547371_The_Influence_of_Ceiling_Height_The_Effect_of_Priming_on_the_Type_of_Processing_That_People_Use
Mombiedro Lozano, A. (2019). Entornos y desarrollo durante la niñez. Neuroarquitectura y percepción en la infancia. Tarbiya, Revista De Investigación E Innovación Educativa, (47), 55–68. https://doi.org/10.15366/tarbiya2019.47.004
Rae, M. (2023). Architecture and Christian Theology. Recuperado de https://www.saet.ac.uk/Christianity/ArchitectureandChristianTheology.pdf
Sproul, R. (2022). La santidad de Dios (primera edición en español). Poiema.
Wolters, A. (2014). La creación recuperada: Bases bíblicas para una cosmovisión reformacional. [Versión Kindle para IPad]. Recuperado de https://www.amazon.com/-/es/Albert-Wolters-ebook/dp/B014X18I96
[1] (1) Sinestésica: percibir con los sentidos los límites que crean el espacio; (2) Kerigmática: encontrar el nombre y el rostro del misterio: medios iconográficos; (3) Eucarística: celebrar y ser comunidad, Cuerpo de Cristo.
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